lunes, noviembre 02, 2009

Un grande y espacioso edificio y una barra de hierro

Por Francisco Ruiz de Mendoza



Entre las muchas sorpresas que nos depara el Libro de Mormón se encuentra sin duda el sueño de Lehi, que se recoge en el capítulo 8 de 1 Nefi. Para entender este sueño, por qué se produce y su simbolismo interno, es necesario revisar su contexto en relación con las vivencias de Lehi como padre, patriarca, guía y profeta de su familia y de la familia de Ismael en los primeros momentos de su éxodo por el desierto. El relato de los primeros capítulos de 1 Nefi tiene como protagonistas centrales a Lehi, Saríah, su esposa, y a sus cuatro hijos, Lamán, Lemuel, Nefi y Sam. La actitud de Lamán y Lemuel (los dos hermanos mayores) contrasta con la de Nefi y Sam, que, no teniendo ni el derecho ni las responsabilidades que acompañan a la primogenitura terrenal, sin embargo destacan en los asuntos espirituales, en especial Nefi, que gradualmente se gana el derecho a una primogenitura espiritual ante el Señor. En este sentido, son muy significativas las palabras del ángel, cuando protege a Nefi y Sam de la furia de Lamán y Lemuel, tras el primer fracaso, que casi les cuesta la vida, en su intento de conseguir las planchas de bronce de Labán. Curiosamente, aunque Sam también recibía golpes (por apoyar a Nefi), el ángel centra sus palabras en Nefi cuando increpa a Lamán y Lemuel:

"¿Por qué golpeáis a vuestro hermano con una vara? ¿No sabéis que el Señor lo ha escogido para que sea un dirigente sobre vosotros, y esto a causa de vuestras iniquidades? [...]".

Lehi era plenamente consciente de la animadversión de Lamán y Lemuel hacia Nefi, rechazo que no era más que una extensión del que sentían hacia él mismo (más adelante llegan a planear matarle a él y a Nefi; cf. 1 Nefi 16: 37). En este contexto, Lehi hace todo lo posible por lograr que sus hijos se arrepientan de su conducta. En 1 Nefi 2: 9-10, como ya se ha descrito en el artículo "El valle de Lemuel y el río Lamán" (http://www.teancum.org.es, sección de portada), intenta hacerles reflexionar y dejar una marca perdurable en sus conciencias poniendo el nombre de Lamán a un río y el de Lemuel a un valle. El río, que desemboca en la "fuente del mar Rojo" (probablemente el Golfo de Aqaba, que es el brazo nororiental de dicho mar), simbolizaba la capacidad de ir ("fluir") hacia "la fuente de toda justicia"; el valle, la capacidad de ser "firme, constante e inmutable en guardar los mandamientos del Señor". Lamán era activo en la maldad e influía a su hermano Lemuel, que se dejaba llevar, en vez de ser firme y seguir sus propios dictados. En la forma de conceptualizar el mundo que tenían estos antiguos, el río era símbolo del devenir y el valle de lo inmutable. Esta asociación conceptual, si bien extraña para nosotros y para los coetáneos de José Smith, era bien familiar para Lamán y Lemuel y no podía ser menos apropiada: Lehi quería que Lamán fuera activo no en "ir" hacia la maldad sino hacia la justicia y su fuente (el Señor) y que Lemuel no se dejara influenciar, permaneciendo tan inmutable como el valle al que se ponía su nombre. Como también se señala en el artículo mencionado arriba, la asociación conceptual se sustentaba en un juego de palabras que la reforzaba (las palabras "río" y "fluyendo", por una parte, y "valle" e "inmutable" tienen la misma raíz en hebreo antiguo).

Pues bien, en el sueño de Lehi, también encontramos asociaciones conceptuales que apoyan el significado de símbolos que eran ajenos a José Smith, pero que encuentran un marco adecuado en la cultura antigua de Oriente Medio. Por otra parte, el contexto del sueño es, de nuevo, la preocupación por el futuro eterno de sus hijos mayores (cf. 1 Nefi 8: 4). Lehi, en su sueño, ve un desierto oscuro y lúgubre y a un hombre vestido de ropas blancas que le pide que le siga. Tras horas de caminar por la oscuridad, Lehi no lo puede soportar más e implora al Señor que tenga compasión de él. Entonces se despliega ante él, en visión, un campo grande y espacioso "a semejanza del mundo" en el que había un árbol cuyo fruto era deseable. Lehi se acerca al árbol y come del fruto, lo que le llena de un inmenso gozo. Esto le hace desear el mismo gozo para su familia y al mirar a su alrededor ve un río en cuyo manantial, no muy lejos, se encontraban Saríah, Sam y Nefi, con aspecto de no saber a dónde ir. Lehi les hace señas para que se acerquen a él y coman del fruto, lo cual hacen. Luego divisa a Lamán y Lemuel, pero se niegan a acercarse a comer del fruto. Entonces ve una barra de hierro que se extiende por la orilla del río y que conduce al árbol, así como un sendero recto y angosto que discurre a un lado de la barra de hierro hasta el árbol. Continúa la visión con "innumerables concursos de gentes" que, cuando tomaban el sendero que llevaba al árbol, se veían rodeados de un "vapor de tinieblas" que les desviaba del camino. Sólo los que se sujetaban a la barra de hierro lograban avanzar a través de las tinieblas, llegar al árbol y tomar su fruto, tras lo cual se sentían avergonzados y se perdían por senderos prohibidos a causa de las burlas de gente lujosamente vestida que llenaba un edificio "grande y espacioso" que se erguía en el aire a gran altura de la tierra. Mientras que unas multitudes se asían a la barra de hierro y comía el fruto del árbol, sin hacer caso de las mofas, otras se dirigían a tientas hacia el edificio grande y espacioso. Muchas de éstas no llegaban al edificio, sino que se ahogaban en las profundidades de la fuente o se desviaban por senderos extraños.

Más adelante, Nefi interpreta el sueño de su padre para sus hermanos mayores y les explica el significado de ciertos elementos esenciales (1 Nefi: 15: 22-36): el árbol era el árbol de la vida; la barra de hierro era la palabra de Dios y transmitía la idea de que quienes escuchan la palabra de Dios y se "sujetan" a ella no perecen jamás, siendo protegidos de las tentaciones del adversario que los ciega hacia la destrucción; el río de agua representaba la inmundicia, que Lehi no vio por estar su mente "absorta" en otras cosas (quizá su deseo de que Lamán y Lemuel llegaran a tomar el fruto); había un "abismo horroroso que separaba a los inicuos del árbol de la vida" y que representaba el infierno. Como parte de una visión, distinta y más amplia, del propio Nefi, anterior a la interpretación que, a modo de amonestación, da a sus hermanos, se enseña el significado de otros elementos del sueño: el árbol de la vida (o "fuente de aguas vivas") simbolizan el amor de Dios (1 Nefi 11: 25); la fuente de aguas sucias, el río y sus profundidades representan las profundidades del infierno (1 Nefi 12: 16); los vapores de tinieblas son las tentaciones del diablo (1 Nefi 12: 17); el vasto y espacioso edificio significa "el mundo y su sabiduría" (1 Nefi 11: 35) y "las vanas ilusiones y el orgullo de los hijos de los hombres" (1 Nefi 12: 18).

Choca al lector moderno parte de esta imaginería, como la presencia de desiertos, abismos y aguas sucias, en contraste con el bello lugar donde se localizaba el árbol de la vida, con aguas limpias. Surge también un curioso contraste de la referencia a "innumerables concursos de gentes" en un lugar vacío y desolado. Sin embargo, nada de esto era extraño al entorno vivencial de Lehi tras su salida de Jerusalén hacia el desierto arábigo, en el que se alternaban grandes zonas desoladas, con profundos cañones (wadis) que se llenaban de barro y suciedad por las lluvias estacionales, con escasos lugares que tenían abundante agua y vegetación, a los que conducían senderos muy utilizados, frente a otros senderos peligrosos en los que los viajeros incautos se podían extraviar. Todos estos elementos simbólicos no eran extraños para Lehi y probablemente fueron escogidos por el Señor por el especial impacto que podían tener en él en su nuevo contexto tras su salida al desierto.

Nos puede chocar también la mención a la barra de hierro. En un estudio reciente, Matthew L. Bowen señala que en la referencia a la barra de hierro como la palabra de Dios se puede estar usando un juego de palabras con el vocablo egipcio para "palabra" y "barra" (recuérdese que el lenguaje de los escritores nefitas combinaba ambas lenguas de alguna forma; 1 Nefi 1: 2; Mormón 9: 32-33). La palabra egipcia mdw no sólo significa 'vara' o 'barra' sino también 'hablar' o 'palabra'. El término derivado md.t o mt.t era común en el idioma egipcio de la época y se pronunciaba de forma muy similar a la de la palabra hebrea 'vara' o 'barra'. Que Nefi era consciente de esta asociación conceptual entre 'barra' y 'palabra' se deduce fácilmente de cuando exhorta a sus hermanos, en el contexto del significado de la "barra de hierro", hablándoles de que debían "asirse" a la palabra de Dios (1 Nefi 15: 24). Por otra parte, la similitud fonética entre la pronunciación de "palabra" en egipcio y "barra" en hebreo de la época podría explicar el empleo que efectúa Nefi de "palabra" en vez de "vara" al referirse a cómo Moisés utilizó una vara para partir las aguas del mar Rojo (Éxodo 14: 16) y también para golpear una roca y que de ella saliera agua (Éxodo 17: 6). En concreto, estas son las palabras de Nefi:

"Y vosotros sabéis [...] que por su palabra se dividieron las aguas del mar Rojo, [...], y también sabéis que Moisés, por su palabra, según el poder que había en él, hirió la roca, y salió agua [...]" (1 Nefi 17: 26, 29) [cursiva añadida]

Pero lo que sí tuvo que resultarle chocante a este profeta fue la referencia al grande y espacioso edificio. Sobre este tema, S. Kent Brown, llama la atención al hecho de que Lehi describió el edificio como "extraño" o "singular" (1 Nefi 8: 33), quizá porque "parecía erguirse en el aire, a gran altura de la tierra" (1 Nefi 8: 26). Es evidente que el tipo de construcción le resultaba poco familiar, pero ciertamente no era inexistente en su época, en particular en el sur de Arabia, donde las excavaciones francesas efectuadas en la década de 1970 indica que los cimientos hallados sostenían edificios altos de hasta seis pisos. Para una persona acostumbrada a casas bajas y a vivir en tiendas, la estructura de edificios altos como torres podría dar la apariencia de erguirse en el aire a gran altura. Quizá esta parte del sueño era premonitoria del tipo de construcciones que encontraría tiempo después al proseguir su viaje, además de proporcionarle un elemento de contraste simbólico en el contexto de su sueño visionario cuyos elementos le eran mayoritariamente familiares.

Como con cientos de detalles que los estudiosos del Libro de Mormón han ido encontrando a lo largo del mismo, nos podemos hacer de nuevo la misma pregunta: ¿podía José Smith o alguien de su época, haber sido conocedor de detalles como los aquí reseñados? Difícilmente, de hecho muy difícilmente. José Smith manifestó que el Libro de Mormón era un documento antiguo y tiene todos los visos de serlo. No pudo haber sacado todos estos datos de libros de la época, sencillamente porque o no daban este tipo de información o la que daban no casaba con lo que posteriormente se ha investigado, en muchos casos en años muy recientes.






Referencias

Bowen, Matthew L. 2005. "What meaneth the rod of iron?". Insights. A Window on the Ancient World. The Newsletter of the Foundation for Ancient Research & Mormon Studies at Brigham Young University. Vol. 25, no. 2, pp. 2-3.

Brown, S. Kent. 2002. "New light from Arabia on Lehi's trail", en Parry, Donald W., Daniel C. Peterson y John W. Welch (eds.) Echoes and Evidences of the Book of Mormon. Provo, Utah: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, Brigham Young University, 55-125.

Ruiz de Mendoza, Francisco. 2005. "El valle de Lemuel y el río Lamán" (http://www.teancum.org.es, sección de portada)

Un altar de piedras




Por Francisco J. Ruiz de Mendoza
 
En el Libro de Mormón se señalan tres ocasiones en que Lehi ofreció sacrificios como ofrenda a Dios. En otras dos ocasiones, Lehi o los que le acompañaban ofrecieron holocaustos (sacrificios en que se quemaba el animal sacrificado). El primer sacrifico tiene lugar a los tres días de haber escapado de Jerusalén, cuando Lehi y su familia acampan "en un valle situado a la orilla de un río" (1 Nefi 2: 6) que desembocaba en el Mar Rojo. Se trata de un sacrificio ligado a una acción de gracias. En una segunda ocasión, que se recoge en 1 Nefi 5: 9, se ofrecieron sacrificios (también ligados a la acción de gracias) acompañados de holocaustos. El contexto, en este caso, es el del regreso desde Jerusalén de los hijos de Lehi (Lamán, Lemuel, Nefi y Sam) tras haber conseguido hacerse con las planchas de bronce de Labán, acción que mantenía preocupada a la familia, en particular a Saríah, la esposa de Lehi, por los peligros del desierto (tengamos en cuenta que estaban a tres días de viaje de ida y otros tres de vuelta y que Nefi y sus hermanos no podían ir tan pertrechados y protegidos como toda la familia con sus tiendas y provisiones). Lamán y Lemuel, en su ira tras un fracaso inicial al intentar conseguir las planchas, golpearon con una vara a Nefi y Sam, y un ángel del Señor tuvo que protegerles (1 Nefi 3: 29). La tercera ocasión se encuentra en 1 Nefi 7: 22. Los hijos de Lehi regresaron otra vez a Jerusalén con el fin de convencer a Ismael y los de su casa de que se unieran al grupo de Lehi. Lo logran y, mientras viajaban hacia el campamento, Lamán, Lemuel, dos de las hijas de Ismael y los dos hijos de Ismael (más sus familias) se rebelaron contra Nefi, Sam, Ismael, su esposa y sus otras tres hijas. Su intención era volver a la tierra Jerusalén (el Libro de Mormón distingue entre la "tierra" de Jerusalén y la "ciudad" de Jerusalén, con mucho acierto, según podemos saber hoy a partir del uso de la expresión "la tierra de Jerusalén" en los Rollos del Mar Muerto; cf. Thomasson, 1999: 139-141. Tras una severa amonestación de Nefi, Lamán y Lemuel le atan con cuerdas con el fin de abandonarlo en el desierto a una muerte segura devorado por fieras salvajes. Nefi consigue liberarse milagrosamente y, después de otro episodio de enfrentamiento, los ánimos de sus hermanos se templan y, arrepentidos, regresan con todos al campamento. Al llegar, los hermanos de Nefi y toda la casa de Ismael dieron gracias al Señor y le ofrecieron sacrificios y holocaustos.
Podemos destacar algunos detalles singulares de estos episodios:


1) Como señala Brown (2002: 62-64, los sacrificios referidos más arriba se ajustan plenamente, de una manera que José Smith difícilmente podía saber, a los requisitos de la ley mosaica. Los holocaustos, a diferencia de los sacrificios, no se ofrecían para dar gracias sino a modo de expiación (Levítico 1: 2-4) por los pecados del pueblo. En el caso del episodio de 1 Nefi 7, Lamán y Lemuel habían pecado seriamente al buscar la muerte de su hermano y parte de la casa de Ismael había actuado de forma rebelde. En el de 1 Nefi 5, el holocausto estaba justificado por la mala conducta de Lamán y Lemuel al golpear a Nefi y Sam.


2) En el caso del primer sacrificio se produce, en apariencia, un problema, pues Lehi y su familia vivían bajo la Ley de Moisés y, de acuerdo con ella (cf. Deuteronimio 12, en particular los versículos 11 y 13), estaba estrictamente prohibido edificar altares y ofrecer sacrificios fuera del lugar que el Señor señalara, que, según se entendía comúnmente, era el templo de Jerusalén. Sin embargo, en el Israel bíblico (así como anteriormente en la época de los patriarcas) era común erigir altares y ofrecer sacrificios. Samuel ofreció sacrificios en Ramah (1 Samuel 9: 12-24) y Saúl los ofreció en Gilgal (1 Samuel 10: 8) y Aijalón (1 Samuel 14: 35). Existían, además, numerosos altares esparcidos por Israel y se han contabilizado hasta otros doce templos que estuvieron operativos a la vez que el de Jerusalén (Haran, 1978), si bien existía una cierta centralización de la adoración en este último, que se consolidó con Josías (640-609 a. C.), el rey justo al que llorara el profeta Jeremías (cf. a modo de contraste las profecías contra los reyes de Judá en Jeremías 22) , de acuerdo con lo señalado en Deuteronomio 12. En este contexto, Seely (2001) ofrece diversos argumentos, muy detallados, que explican por qué Lehi pudo ofrecer sacrificios fuera de Jerusalén sin violar lo establecido en la ley mosaica. En primer lugar, no está tan claro que la ley, tal como se refleja en Deuteronomio 12, pretendiera eliminar totalmente todo sacrificio fuera del designado, como lo atestigua el hecho de que existían otros templos y altares. La expresión "el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere" (v. 11) podría aplicarse, de forma amplia, no exclusivamente a un solo lugar sino a cualquier lugar que el Señor escogiera (piénsese, por cierto, cómo el Señor, en los tiempos actuales, permite la construcción de numerosos templos dedicados a su obra). También es posible que Lehi, que no pertenecía al linaje de Leví (los portadores del sacerdocio menor), oficiara por medio del sacerdocio mayor o de Melquisedec, al igual que los antiguos patriarcas y, como ellos, erigiera altares con la correspondiente aprobación divina. Ha de tenerse en cuenta que los nefitas poseían el sacerdocio mayor, como se refleja en Alma 13: 2-9, y que el profeta José Smith enseñó que todos los profetas, aun bajo la dispensación mosaica, fuero ordenados por Dios mismo al sacerdocio de Melquisedec (Enseñanzas del Profeta José Smith, Salt Lake City, Utah: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1975, 216). Una tercera posibilidad, que viene apoyada por los Rollos del Mar Muerto, es que lo señalado en Deuteronomio 12 se aplicara únicamente a la tierra de Israel (nótese la clara referencia a la misma en el versículo 1). En concreto, en el Rollo del Templo (columnas 52: 13-16), se especifica la prohibición de ofrecer sacrificios de cualquier tipo en cualquier lugar que estuviera a menos de tres días de distancia del templo de Jerusalén. Este rollo nos da una pista sobre cómo se interpretaba antiguamente el mandato sobre la centralización de la adoración: se limitaba a un área que correspondía aproximadamente a los límites de Israel, menos de tres días de viaje desde Jerusalén. También, curiosamente, nos hace entender por qué Nefi se tomó la molestia de especificar con toda claridad a cuánta distancia se encontraban de Jerusalén cuando acamparon por vez primera y Lehi decidió ofrecer un sacrificio de acción de gracias. Si tenemos en cuenta su imprecisión a la hora de referirse al tiempo de viaje de otras etapas de su éxodo por el desierto arábigo (expresiones como "viajamos por el espacio de muchos días", en 1 Nefi 16: 15, 17, 33 o simplemente "viajamos", sin ninguna especificación de tiempo, como en 1 Nefi 17: 1), no parece descabellado pensar que Nefi tenía en mente la forma de interpretar Deuteronomio 12 que aparece en el Rollo del Templo.


Lo que sí resulta descabellado, en cambio, es pensar que José Smith tuviera tanto conocimiento sobre la interpretación de la ley mosaica y los tipos de sacrificios, o que lo tuviera algún coetáneo en el primer tercio del siglo XIX. El relato de Nefi es consistente en detalles que difícilmente pudieron estar al alcance de las personas que intervinieron en la aparición del Libro de Mormón, lo que otorga una gran dosis de credibilidad a la tesis de que se trata de un documento antiguo y no un fraude decimonónico.





Brown, Kent S. 2002. "New light from Arabia on Lehi's trail", en Parry, Donald W., Daniel C. Peterson & John Welch (eds.) Echoes and Evidences of the Book of Mormon, Provo, Utah: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, Brigham Young University; 55-125.


Haran, Menachem. 1978. Temples and Temple Service in Ancient Israel. Oxford: Clarendon.


Seely, David R. 2001. “Lehi’s Altar and Sacrifice in the Wilderness.” Journal of Book of Mormon Studies 10: 1


Thomasson, Gordon C. 1999. "Revisiting the land of Jerusalem", en Welch, John W. & Melvin J. Thorne (eds.) Pressing Forward with the Book of Mormon. Provo, Utah: The Foundation for Ancient Research and Mormonm Studies; 139-141.