sábado, octubre 24, 2009

Muchas partes que son claras y sumamente preciosas




Francisco J. Ruiz de Mendoza
Universidad de la Rioja


En 1 Nefi 13: 23-26 se relata, como parte de una visión más amplia, cómo un ángel hace ver a Nefi un libro (obviamente la Biblia) que sale de la boca de un judío. El libro contenía la historia de los judíos, los convenios de Dios con Israel y numerosas profecías. Se identifica parcialmente con la narración recogida en las planchas de bronce de Labán, que Nefi y sus hermanos habían logrado recuperar, no sin ciertas vicisitudes únicamente superadas gracias a la fe inquebrantable de Nefi (cf. 1 Nefi 4). Curiosamente, en una breve apostilla, el ángel aclara a Nefi que el libro de la visión era menor en cuanto a su contenido que las planchas, si bien "[...] contiene los convenios que el Señor ha hecho con la casa de Israel [por lo que es] de gran valor para los gentiles" (1 Nefi 13: 23). Más adelante, el ángel hace saber a Nefi que al principio el libro contenía "la claridad del evangelio del Señor", pero que posteriormente había sido "despojado [...] de muchas partes que son claras y sumamente preciosas" (1 Nefi 13: 26).
Se nos habla, por tanto, de dos problemas en la transmisión de los libros de escritura sagrada judía a los gentiles: la eliminación de ciertas partes y la corrupción de contenidos.
Las planchas de bronce incluían los cinco libros de Moisés, la historia de los judíos desde su principio hasta la época en que Lehi y su familia abandonan Jerusalén, y muchas profecías hasta las declaradas por Jeremías. Si las planchas de bronce, que abarcaban un período de tiempo muy inferior al de la Biblia, contenían más escritos que el libro de la visión de Nefi, es evidente que algunas de sus partes se habían perdido.
Aunque esta enseñanza del Libro de Mormón resulta controvertida para amplios sectores de la cristiandad, no por ello carece de sentido. Con el tiempo se han ido acumulando muchas pruebas que corroboran lo afirmado por José Smith, incluso en círculos teológicos ajenos a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en los que se admite la pérdida de epístolas de los antiguos apóstoles y la falta de criterios claros para la exclusión de libros como el Pastor de Hermás, la Primera Epístola de Clemente y la Epístola de Barnabás (véase, por ejemplo, Hoffman, 1982; Detweiler, 1985, citados en Welch, 1992: 39-40). Hoy en día no se puede defender la existencia de un canon completo y cerrado, lo que nos ayuda a entender la apostilla del ángel en el sentido de que el libro de la visión de Nefi era menor en contenido que las planchas de bronce de Labán. Así, pues, lo declarado en el Libro de Mormón respecto a los escritos que nos llegarían de los judíos tiene mucho más sentido a la luz de lo que sabemos ahora que cuando José Smith lo tradujo en el siglo XIX.
Por otra parte, tenemos el problema de la modificación de contenidos proféticos y doctrinales. José Smith enseñó lo siguiente: "Creo en la Biblia tal como se hallaba cuando salió de la pluma de sus escritores originales. Los traductores ignorantes, los escritores descuidados y los sacerdotes intrigantes y corruptos han cometidos muchos errores" (Enseñanzas del Profeta José Smith, Salt Lake City, Utah: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1975, 404). En este sentido, resulta muy interesante el artículo de John Gee, publicado por FAIR (Foundation for Apologetic Information and Research), en . Este autor, miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, documenta cambios importantes en las escrituras cristianas, todos ellos producidos durante el segundo siglo de nuestra era. Lo que es más importante, también documenta ampliamente las quejas y acusaciones de algunos escritores del segundo siglo, como Ignacio de Antioquía, Justino Mártir, Clemente de Alejandría, Irineo y Tertuliano, quienes aseguraban que había quienes alteraban y adulteraban los sagrados textos. Estas alteraciones se producían en un contexto de disputas sobre doctrina, perversión de las prácticas originales del cristianismo y luchas por ejercer autoridad eclesiástica. Desgraciadamente, la inmensa mayoría de los miles de manuscritos bíblicos que tenemos es posterior al período de corrupción textual al que nos referimos, con lo que no podemos tener seguridad de una correcta transmisión de los escritos originales. Un estudio anterior al de John Gee, pero que lo complementa de manera muy interesante, es el de Schaelling (1986), que examina diferencias muy significativas entre diversos grupos de manuscritos (posteriores, claro está, al segundo siglo), que revelan las diferencias básicas entre los distintos centros de adoración que se iban gestando: Alejandría, Cesárea, Occidental y Bizantino. Por ejemplo, el contraste entre los manuscritos alejandrinos y los occidentales revela una clara tendencia a dotar de mayor poder, autoridad y protagonismo a Pedro por parte de la Iglesia de Roma; asimismo, mientras que algunos textos en Hechos 1: 14 describen a los apóstoles perseverando en oración "con las mujeres", otros, como el Código Bezae, subrayan su estado de hombres de familia, especificando que oraban "con sus mujeres e hijos", cuestión crucial que atañe a la idea del celibato, que más tarde se impondría en la Iglesia de occidente.
Finalmente, cabe señalar que el propio Libro de Mormón también aporta alguna prueba o, al menos, indicio de que los textos originales de la Biblia no nos han llegado en toda su pureza. La prueba procede del contraste entre algunos textos de Isaías de la Biblia y los citados por personajes del Libro de Mormón. Seleccionamos el contraste entre 1 Nefi 21: 1-5 e Isaías 49: 1-5, en primer lugar, y entre 2 Nefi 7: 1 e Isaías 50: 1. En el primer caso, se trata de una de las citas de Nefi a sus hermanos, tal como las lee de las planchas de bronce (es indudable que Nefi estaba maravillado por el valor de lo que leía en las planchas que tanto les había costando conseguir). La primera mitad de 1 Nefi 21: 1 no se encuentra en Isaías 49: 1; de manera similar, la segunda mitad de 1 Nefi 21: 5 no se encuentra en el versículo correspondiente de Ia Biblia en Isaías 49: 5. Lo más interesante es que las dos mitades que faltan en el texto bíblico forman parte de los elementos de apertura y de cierre, respectivamente, de una estructura quiástica (o de paralelismo invertido o quiasmo), muy común en hebreo (véase el artículo de Rosa del Olmo, "El quiasmo y el Libro de Mormón"). Aún es más, el versículo 1 de Isaías 49, tal como aparece en la Biblia, posee una estructura interna pobre. Sin embargo, el versículo correspondiente de 1 Nefi 21 también posee estructura quiástica, con lo que, la estructura global de 1 Nefi 21: 1-5 se hace muy compleja: se trata de un quiasmo dentro de un quiasmo (existen más casos de esta forma compleja en el resto del Libro de Mormón) (véase el enlace). Nos encontramos con algo parecido cuando comparamos 2 Nefi 7: 1 (que es parte de las enseñanzas de Jacob, hermano menor de Nefi, al pueblo de Nefi, cuando ya llevaban varias décadas en el continente americano) con Isaías 50; 1 (véase también archivo adjunto). Jacob quiere ayudar al pueblo a entender que son parte de los convenios que Dios hizo con Israel y que el Señor no los olvida. Esta idea viene subrayada por la repetición quiástica de la primera parte del versículo 1 de 2 Nefi 7, que no aparece en la versión bíblica, así como por la creación de un elemento de apertura y otro de cierre, enlazados conceptualmente para la primera y última partes de 2 Nefi 7:1. Finalmente, la variante de 2 Nefi 7 introduce un paralelismo no quiástico ("a quién te he abandonado" con "a quién te he vendido" y "a cuál de mis acreedores te he vendido" con "por vuestras maldades os habéis vendido") que se pierde en Isaías 50: 1 por la omisión de una frase.

El análisis anterior conduce a pensar que las variantes de Isaías citadas en el Libro de Mormón, a partir de las planchas de bronce, preservan mejor la estructura e impacto significativo originales. Es muy difícil, casi imposible, que José Smith tuviera noticias de la existencia del quiasmo como figura literaria (apenas se conocía en su época) y mucho menos que adquiriera la destreza para utilizarlo, de forma extendida y en sus variantes más complejas, en el Libro de Mormón. Pero aún es más difícil que se le ocurriera re-elaborar algunos pasajes citados de profetas bíblicos utilizando formas quiásticas. Así, pues, cabe pensar que lo que encontramos en el Libro de Mormón no es resultado de una re-elaboración sino de una restauración del texto original o, cuanto menos, de un texto más próximo al original. Curiosamente, José Smith jamás aludió a las variantes de Isaías del Libro de Mormón como prueba de su veracidad, ni tampoco como prueba de su afirmación, citada más arriba, de que la Biblia contiene errores (para ello da otros argumentos que no tienen que ver directamente con el Libro de Mormón; véase Enseñanzas del Profeta José Smith, 5, 6, 352, 404). Esto mismo presta aún más credibilidad a la idea de que el Libro de Mormón es un libro genuino.

Notas:


Detweiler, Robert. 1985. "What is a sacred text?". Semeia 31: 218.

Gee, John. "The corruption of scripture in the second century". FAIR.

Hoffman, Thomas. 1982. "Inspiration, normativeness, canonicity, and the unique sacred character of the Bible", Catholic Biblical Quarterly 44: 463.

Schaelling, J. Philip. 1986. "The Western text of the book of Acts: a mirror of the doctrinal struggles in the early Christian Church", en Griggs, Wilfred (ed.) Apocryphal Writings and the Latter-Day Saints. Provo, Utah: Religious Studies Center, Brigham Young University, 155-172.

Welch, John W. (ed.)1992. Reexploring the Book of Mormon. Salt Lake City, Utah: Deseret, & Provo, Utah: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies.

sábado, octubre 10, 2009

El Valle de Lemuel y el Rio Lamán

Francisco J. Ruiz de Mendoza
Universidad de La Rioja

En el capítulo 2 del primer libro de Nefi, en el Libro de Mormón, se relata la primera parte del éxodo de la familia de Lehi, su huida, relativamente precipitada, de Jerusalén hacia zonas deshabitadas y, suponemos, donde la familia pudiera estar a salvo de posibles perseguidores que deseaban quitar la vida a Lehi. Según el relato, Lehi y los suyos descendieron “por los contornos de las playas del mar Rojo” y viajaron por el desierto “por los lados que están más próximos a este mar”, durante tres días (1 Nefi 2: 5). Entonces encontraron un valle situado a la orilla de un río que fluía constantemente e iba a desembocar (“desaguaba”) en el Mar Rojo (1 Nefi 2: 6, 8-9). Se ha especulado mucho acerca de la posible localización de este valle y río, especialmente porque comúnmente se ha venido aceptando -también en la época de José Smith- que en Arabia no existen ríos con caudal permanente (cf. Brown, 2002: 60). De hecho, si el Libro de Mormón hubiera sido escrito de manera fraudulenta por José Smith o alguno de sus contemporáneos, la referencia al valle y al río a tres días de distancia al sur de Jerusalén, con los conocimientos del momento, no era una opción nada inteligente. Hoy en día se han identificado varios parajes que se adecúan, de una forma u otra, a lo descrito por Nefi en relación con su primer lugar de campamento. Uno de ellos es el Valle del Buen Nombre, con un río de caudal permanente que atraviesa las montañas de granito de la orilla oriental del Golfo de Aqaba, a unos cien kilómetros al sur de Aqaba, y que, a pesar de que actualmente se extrae un volumen importante de agua del mismo, todavía llega prácticamente a la orilla del Mar Rojo.


El valle es impresionante, por lo escarpado de su relieve, lo que dota de mayor contenido a las palabras de Lehi cuando le dijo a su hijo Lemuel: “¡Oh, si fueras tú semejante a este valle, firme, constante e inmutable en guardar los mandamientos del Señor”. Las mismas palabras habrían carecido de impacto para Lemuel en un paisaje menos impresionante. Pero aún hay algún detalle adicional muy significativo. Tengamos en cuenta, un versículo antes, las palabras de Lehi a su hijo Lamán: “¡Oh, si fueras semejante a este río, fluyendo continuamente en la fuente de toda justicia!”. El lector de los dos primeros capítulos del primer libro de Nefi, al llegar a ambos versículos no puede sino quedarse un tanto extrañado. ¿Por qué Lehi usa este tipo de lenguaje figurado? ¿Por qué pone el nombre de sus hijos mayores, Lamán y Lemuel, al valle y al río respectivamente? La segunda pregunta se nos aclara más adelante, en el versículo 11: “Esto habló por causa de la dureza de cerviz de Lamán y Lemuel; pues he aquí, murmuraban contra su padre en muchas cosas, que era visionario, y los había sacado de Jerusalén, abandonando la tierra de su herencia, y su oro, y su plata y objetos preciosos, para perecer en el desierto [...]”. Evidentemente, Lehi estaba sumamente preocupado por la ínfima sensibilidad espiritual de sus dos hijos mayores, comparable a la de los judíos que buscaban matarle, y se esforzaba por encontrar la mejor forma de dejarles una impresión espiritual duradera, como se hace patente en un comentario posterior de Nefi (v. 14): “Y aconteció que mi padre les habló en el valle de Lemuel con poder, pues estaba lleno del Espíritu, al grado de que sus cuerpos temblaron delante de él, y los confundió, de modo que no osaron hablar contra él [...]”. Este comentario nos lleva a la primera pregunta, por qué Lehi usa lenguaje figurado y, en relación con este interrogante, por qué pone al río el nombre de Lamán y al valle el nombre de Lemuel. En mi opinión, la respuesta tiene que ver con dos hechos: uno, la antigua costumbre de poner nombres nuevos a lugares que adquirieran algún significado especial, aun a sabiendas de que el nombre se perdería, como ya advirtiera Hugh Nibley en su obra Lehi in the Desert (p. 75-76), costumbre que muy difícilmente podía conocer José Smith; dos, el fuerte valor significativo de la forma de lenguaje figurado escogida por Lehi en esta ocasión, la de un símil basado en una vivencia específica de la familia (la presencia de un accidente orográfico imponente) que, además, incorporaba, como ya notara John Tvedtnes (1986: 64), un interesante juego de palabras que difícilmente se le pudo haber ocurrido a José Smith. En efecto, una de las palabras que se utilizan en hebreo para designar un río es nahar, cuya raíz (verbal) significa “fluir”; por otra parte, la palabra hebrea ‘eytan, correspondiente a 'valle', es también un adjetivo que significa 'perenne, duradero, firme'. Si Lehi escogió estos términos a propósito, “río” y “fluyendo”, del versículo 9, y “valle” y “firme, constante, e inmutable”, del versículo 10, son en el fondo palabras de la misma raíz, con lo que al juego conceptual provocado por el símil situacional se une, potenciándolo, un importante juego fónico.

     

La cueva del Valle de Lemuel 


 
El río Lamán

(fotos: George D. Potter "A New Candidate in Arabia for the Valley of Lemuel," Journal of Book of Mormon Studies, Vol. 8, No. 1, 1999, pp. 54-63.


Francisco J. Ruiz de Mendoza


Brown, Kent S. 2002. “New light from Arabia on Lehi's trail”, en Parry, Donald W., Daniel C. Peterson & John Welch (eds.) Echoes and Evidences of the Book of Mormon, Provo, Utah: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, Brigham Young University; 55-125.

Nibley, Hugh. 1988. Lehi in the Desert. The Wolrd of the Jaredites. There Were Jaredites. The Collected Works of Hugh Nibley: Volume 5. The Book of Mormon. Salt Lake City, Utah: Deseret Book Company & Provo, Utah: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies.

Tvedtnes, John A. 1986, “I have a question”. Ensign, octubre, 1986 (véase también http://www.cometozarahemla.org/hebraisms/hebraisms.html).

lunes, octubre 05, 2009

Jesús, Yahweh, y el Templo

Escudriñando el Libro de Margaret Barker: Temple Themes in Christian Worship: Parte III
David Larsen


Traducción Libre de Juan Javier Reta Némiga

En mi última entrada a mi blog sobre los Temas del Templo que aborda Margaret Barker, hice la observación  de cómo los antiguos cristianos esperaban que un nuevo Templo fuese creado para ellos a fin de adorar dentro de él. Jesús había restaurado las doctrinas verdaderas del Primer Templo, y los cristianos esperaban que él reconstruyera un templo nuevo, puro, después de que el templo corrupto en Jerusalén hubiese sido destruido.  En este entrada, analizaré el  capítulo 4, “ El SEÑOR Y CRISTO.” Éste es un capítulo poderoso que aborda a quién los cristianos creían que se debía adorar y  la relación que Jesús tuvo con Yahweh (el SEÑOR), y con el Templo.




Adorando a Jesús

¿Cómo pudo adorar un grupo de judíos a Jesús cuando el Dios de Israel fue Yahweh? Es obvio, por dada la tradición cristiana, en el arte, y la literatura que Jesús estaba ciertamente considerado digno de culto. Barker se refiere a la epístola para los hebreos por poner un ejemplo:

 adórenle todos los ángeles de Dios. (Heb 1:6).
hecho tanto superior a los ángeles cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos. (1:4).

Barker repara en que los ángeles no fueron el objeto de culto. Ellos mismos adoraron al Hijo de Dios porque él fue mayor ellos, debido al Nombre que él tenía, el cual había recibido en herencia. ¿Cuál fue el nombre que Jesús heredó? Fue el nombre sagrado Yahweh (Jehová).  Esto explica por qué los cristianos  adoraron Jesús.

En el original griego, el Nuevo Testamento llama a Jesús “ Kyrios Iesous, ”  cuyo significado es “ Jesús es SEÑOR.” Los cristianos antiguos reconocieron que Jesús es Kyrios (Rom 10:9). El significado de esta confesión es significativa, dado que en los textos Griegos del Antiguo Testamento, los antiguos cristianos siempre llamaron a Yahweh , Kyrios (SEÑOR). La locución hebrea “ Yahweh Elohim ” se convierte en “ Kyrios el Dios ” (Gen 2:4).  Cuando Moisés tiene su visión del Señor en la Zarza Ardiente, se leería en  griego:

2 Y habló Dios a Moisés, y le dijo, Yo soy Kyrios:
3 Y aparecí a Abraham,a Isaac, y a Jacob, por el nombre de Dios Todopoderoso, pero por mi nombre que es Kyrios no se los dí a conocer a  ellos. (Exo 6:2-3).

Barker explica:

La proclamación cristiana más anticipada de fe fue que Jesús es Kyrios, Jesús es Yahweh (p. 74).

Barker da un número de evidencias  de Cristo siendo adorado como Yahweh, el Dios de Israel, incluyendo el hecho que los cristianos viesen a los Salmos como alabanzas para Jesús y como profecías de los acontecimientos de su vida. Ella hace énfasis en que ésta no debería verse como un intento de reinterpretar los Salmos, sino que los cristianos los comprendieron en su sentido original, como la alabanza para Yahweh, quien fue  Jesús.

¿Culto a un Ser Humano?

¿En la página 76, Barker delibera sobre una pregunta complicada ¿cómo pudo haber adorado un grupo de judíos a un ser humano como Dios? Cuando el Emperor Caligula había intentado establecer una estatua de sí mismo en el Templo en Jerusalén, según Josefo (Guerra de los Judíos 2:184-5), la nación judía enfrentó a su ejército con  una dura resistencia. Esto puede verse como el rechazo fuerte de parte de los judíos para el culto de un ser humano como dios.

Debemos recordar, sin embargo, que Jesús no se vio como cualquier ser humano común – Jesús fue Yahweh encarnado. Cristo también representó al Padre en la Tierra. Hubo precedencia para este tipo de culto en la tradición judía. En la antigüedad, Yahweh fue representado en el templo por el sumo sacerdote, quien llevó las cuatro letras del Nombre en su frente (Exodo 28:36, excepto que el texto actual dice  "Santidad al Señor", no YHWH).

 Barker se refiere a Hecataeus, un escritor griego, quien como parte de tradición de judaica del templo describe:

'el sumo sacerdote … es un ángel que da a ellos los mandamientos de Dios y una vez que él ha hablado, los judíos ‘ inmediatamente cáen al suelo Y adoran al sumo sacerdote el cual les ha explicado los mandamientos a ellos’ (en Diodorus Siculus XI 3:5-6).



Ella compara esta observación con  la descripción judía de Simon el sumo sacerdote, escrito a en Jerusalén aproximandamente en 200 aC:

Cuando él emergió del lugar Santísimo él fue como el lucero de la mañana, como el sol iluminando el templo; Su misma presencia hizo al tribunal del templo glorioso. Cuando él habo derramado la libación, la trompeta sonó y “ toda la gente al unísono cayó al suelo inclinando su rostro para adorar a (proskunein) su SEÑOR (Kyrios ) ” (Ben Sirac 50:17). La forma más natural para leer esto es que adoraban al sumo sacerdote, o mejor dicho, a Yahweh a quien él representaba (p. 77).

Además del sumo sacerdote, es probable que los reyes de Israel fuesen también reconocidos como representar a Yahweh. Como prueba para ello, ella se refiere a 1 Cro 29:23 y también  29:20:

23 Y se sentó Salomón como rey en el trono de Jehová, en lugar de su padre David, y fue prosperado; y le obedeció todo Israel.

20 Después dijo David a toda la congregación: Bendecid ahora a Jehová vuestro Dios. Entonces toda la congregación bendijo a Jehová, Dios de sus padres, y se inclinaron y adoraron delante de Jehová y del rey. (En inglés dice y adoraron al Señor y al rey, N.T.)


Dios, Pero No el Más Alto Dios

Está bastante claro que los humanos podían representar a Dios en la tierra y aun ser dignos de alguna suerte de culto o alguna suerte de reverencia como si fuesen Dios (al estar representándolo). ¿Sino cómo pudo representar Jesús Dios si él fue Dios? ¿Y por qué tenemos a los cristianos haciendo declaraciones en el sentido de que nadie había visto al Padre (Juan 6:46), y que los judíos nunca habían oído la voz del Padre ni habían visto su forma (Juan 5:37)? Según Barker:

Juan hizo énfasis en que el que apareció en el Antiguo Testamento no fue el Padre Eterno sino Jesús, antes de su encarnación (p. 79).

Barker luego se lanza a un debate maravilloso de lo  qué ella llama naturaleza “binitaria” del antiguo culto cristiano, en lo referente al hecho que los cristianos adoraron a ambos a Jesús/Yahweh y el Padre /El más Alto  Dios. La raíz de este culto es la comprensión de que el Antiguo Testamento registra el hecho de que ambas deidades fueron adoradas. Ésta es la forma en la cual los cristianos leen el  Antiguo Testamento: Como un registro del más Alto Dios y su Hijo Yahweh (véase. 79). Ella se refiere a a la exposición de Génesis 31:13, hecha por Philo, un contemporáneo judío de Jesús:

Pues tal como esos que son incapaces de ver al sol mismo y sólo perciben su brillo detrás del del nimbo y lo toma por el sol, y toman el halo alrededor de la luna por el luminar mismo, también hay  algunos que estiman la Imagen de Dios, el Ángel, Su Logos, como Su mismo Yo (Sueños 1:239) (p. 79).

Philo estaba corrigiendo a aquellos  que equivocadamente había identificado al Logos como el más Alto Dios. Para Philo, el Logos podría ser llamado Dios, pero podría ser el Segundo Dios (para saber mucho más sobre Philo, véase el capítulo relativo en Margaret Barker The Great Angel: A Study of Israel’s Second God (Louisville: W/KJP, 1992), el cuál es un libro excelente y fue mi introducción a Margaret Barker).

Barker pasa a explicar como nuestra versión actual de Deuteronomio 32:8 ha sido  alterada de modo tal que ya no refleja la creencia original concerniente a los Hijos de Dios. Nuestra actual versión da cuenta cómo dividió el Más Alto Dios a las naciones “ según el número de los niños (los hijos) de Israel.” Según un texto hebreo encontrado entre los Rollos de Papel de Mar Muerto en Qumran, las naciones fueron repartidas equitativamente según “ los hijos de Elohim (La Canción de Moisés,véase aquí).” Esto está más completamente de acuerdo con la versión Griega  del Antiguo Testamento (Septuaginta) que tiene “ los ángeles de Dios.” Barker resalta:

Cuando el Alto más Alto Dios le asignó las naciones a los Hijos de Dios, él puso a Jacob bajo el cuidado de Yahweh. Esto significa que Yahweh fue Hijo del más Alto Dios. (p. 89, énfasis en original).

Eusebius, un historiador cristiano quien vivió en el siglo cuarto, en una carta nos muestra cual era su comprensión de este versículo:

En estas palabras (Moisés) nombra primero al Más Alto Dios, como el Supremo Dios del universo, y luego al SEÑOR, su Verbo, a Quién llamamos SEÑOR, en segundo lugar después del Dios del Universo. (Proof of the Gospel IV:9)(p. 80). .

En Clementine Recognitions II:42, Pedro explica el papel de los Hijos de Dios:

Pues cada nación tiene a un ángel a quien Dios ha designado el gobierno de esa nación; Y cuando uno de estos aparece, aunque él sea pensado y designado Dios por aquellos sobre quienes él preside, pero que al ser cuestionado él no se da tal testimonio a sí mismo. Sino  el Dios Más Alto, quien por sí solo  tiene  el poder de crear todas las cosas, quien ha dividido a las naciones de la tierra en setenta y dos partes y sobre las cuáles él ha nombrado ángeles como príncipes. además el mismo ha designado a los  arcángeles para que gobiernen a unos y a otros, pero sólo el, recibió culto y el fue conocido como el Más Alto Dios (p. 80).

Cristo se vio como el mayor de entre los ángeles, quien recibió como su jurisdicción a Israel por parte Dios. Este Angel fue conocido tanto como Yahweh y como “ el ángel de Yahweh ” en el Antiguo Testamento. Éste es el Yo Soy que se apareció a los patriarcas y los profetas del antiguo Israel. Justino explicó:

Entonces ni Abraham ni Isaac ni Jacob ni algún otro hombre alguna vez vieron al Padre e Inefable SEÑOR de todas las cosas y de Cristo  Mismo; Sino que (vieron) a él (Cristo) quién según su voluntad, es tanto Dios como Hijo, y su Angel para ministrar su voluntad (Trypho 127) (p. 81).

Origenes supo que Cristo, el Hijo de Dios, no fue simplemente un ángel, sino el ángel de Gran Consejo ” (Celsus 5:53). Ésta no fue innovación cristiana – los judíos también supieron de esta figura, y, según Eusebius, supieron que el ángel de Gran Consejo fue el Mesías (Preparation VII:14-5). En Isaiah 9:6, donde dice "Hijo nos es dado" (En inglés hijo prometido N.T.) en Hebreo se le llama Consejero Maravilloso , En donde dice Dios Fuerte, etc., La versión griega simplemente le llama “ el ángel de Gran Consejo.”

Barker apunta:

No hay duda que Jesús fue reconocido y proclamado  como Yahweh, el SEÑOR, el Hijo de Dios del más Alto Dios … Según Eusebius, los hebreos habían creído que el ángel de Gran Consejo fue el Mesías; La diferencia entre judíos y cristianos fue que los judíos no aceptaron que Jesús hubiera sido el Mesías, que el ángel ya hubiese venido. Esto significa que la creencia en la Segunda Persona no fue exclusiva del cristiano; El problema fue la identidad de la Segunda Persona.

Esta comprensión prevaleció en la más antigua Cristiandad, y Barker da bastantes más ejemplos de cómo se vio a Cristo como el Dios del Antiguo Testamento, pero separado y supedítado al Más Alto Dios, Su Padre. De nuevo, ella profundiza sobre este tema abordado ya en su anterior libro,The Great Angel: A Study of Israel’s Second God.

N.T. El más Alto Dios, también puede ser traducido como el Altísimo

jueves, octubre 01, 2009

La Genealogía de Lehi

 Autor: Francisco J. Ruiz de Mendoza


Una de las marcas de veracidad del Libro de Mormón reside, sin duda, en su ausencia de esfuerzos por dar pistas internas sobre su autenticidad. Con todo, las pistas se suceden a lo largo del libro, una tras otra y de manera casual. Éstas suelen consistir en datos o detalles que José Smith no podía haber sabido hacia 1830. Incluso el Libro de Mormón corre contra corriente respecto a los conocimientos o teorías aceptadas cuando se tradujo (por ejemplo, habla de "cemento" o "caballos" en la época precolombina) o no entra en detalles sobre cuestiones que "da por sentadas" aun cuando en el momento de salir a la luz no estaban ni con mucho resueltas.

Una clara marca de autenticidad se encuentra en 1 Nefi 5: 14. Nefi regresa de Jerusalén al desierto con sus hermanos tras recuperar las planchas de bronce, que hasta entonces habían estado en poder de Labán. En 1 Nefi 3: 3, Lehi explica a sus hijos las razones por las que el Señor deseaba que recuperaran las citadas planchas: contenían escritura antigua ("los anales de los judíos") y la genealogía de la familia de Lehi.
En 1 Nefi 5: 14 se relata cómo Lehi descubre, al leer las planchas de Labán, que es descendiente de José, el hijo de Jacob que fue vendido por sus hermanos a unos egipcios. Nos podemos preguntar, en este punto, cómo es que Lehi no conocía previamente su genealogía, siendo que, al parecer, éste habría sido un asunto importante para un israelita de la época (aunque no en todos los casos, como se desprende de Ezra 2: 62 y Nehemías 7: 64). Sin embargo, Lehi vivía en Jerusalén (perteneciente al reino de Judea) y, puesto que sus antepasados procedían del Reino de Israel (con capital en la denostada Samaria), es muy probable que no les agradara mucho revelar sus orígenes, de forma que las generaciones posteriores pudieron muy bien haber asumido que eran de Judea, Benjamín, Levi o Simeón (no de alguna de las otras tribus, que pertenecían al Reino de Israel). Descubrir que era descendiente de José (y, por tanto, heredero de todas sus promesas) hizo que Lehi se llenara del Espíritu y profetizara sobre sus descendientes. También le sirvió para ver en su antepasado José una situación paralela a la suya: José fue utilizado por el Señor para salvar del hambre a su padre Jacob y a toda su casa; Lehi estaba siendo utilizado para salvar a los suyos de la cercana destrucción de Jerusalén.

El Libro de Mormón relata este episodio con toda naturalidad, sin hacer hincapié en ninguno de los detalles que a nosotros nos llaman la atención y para los que existe una explicación lógica pero que no tenía, ni con mucho, que ser evidente para José Smith.