El Mesías, el Templo y Apocalipsis

El Mesías, el Templo y Apocalipsis


Por Juan Javier Reta Némiga
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1. El Mesías. El Apocalipis no debe de ser entendido como un texto de Asia menor, sino como un texto cercano a Jerusalén, porque está más en consonancia con los texto apocalípticos del periodo intertestamentario y los textos de Qumran que con textos griegos.

Pudo haber sido distribuido desde Patmos, después de la caída de Jerusalen, pero es evidente que su marco narrativo se circunscribe a los judíos y su relación con el Mesías y el templo.

Tampoco existen evidencias de persecución de los cristianos en Asia menor, pero sí en Jerusalén y sus alrededores, por lo que primariamente, podemos decir, que era un texto de consuelo para ellos.

Jesús es visto como el sumo sacerdote según el orden de Mequisedec. Si bien, podemos dudar de que él mismo sea el escritor original del texto, es evidente que abreva de las enseñanzas dadas por él durante su ministerio terrenal. Es decir, no pudieron ser ideas originadas después por sus discípulos, sino que a la luz de Mateo 24 y otros textos, vemos que el núcleo del mensaje de Apocalipsis fue transmitido directamente de él a sus seguidores. Las enseñanzas y prácticas de Jesús, están también íntimamente relacionadas con los textos y enseñanzas que circulaban en su época.

El Texto Melquisedec de Qumran enseña:

Y hará prisioneros a sus rebeldes [...] y de la heredad de Melquisedec, pues [...] y ellos son la here[dad de Mequi]sedec, que les hará retornar a ellos. Él proclamará para ellos la liberación para librarlos de [la deuda] de todas sus iniquidades. Y esto suce[derá] en la semana primera del jubileo que sigue a los nue[ve] jubileos. Y el día [de las exp acio]nes es el final del jubileo décimo 8 en el que se expiará por todos los hijos de [Dios] y por los hombres del lote de Melquisedec. [Y en las alturas] él se pronunciará a su] favor según sus lotes; pues es el tiempo del «año de gracia» para Melquisedec, para exal[tar en el pro]ceso a los santos de Dios por el dominio del juicio, como está escrito sobre él en los cánticos de David que dice: «'Elohim se yergue en la asamfblea de Dios], en medio de los dioses juzga». Y sobre él dice: «Sobre ella retorna a las alturas, Dios juzgará a los pueblos». Y lo que di[ce: «¿Hasta cuándo juz]garéis injustamente y guardaréis consideración a los malvados? Sélah. » Su interpretación concierne a Belial y a los espíritus de su lote, que fueron rebeldes [todos ellos] apartándose de los mandamientos de Dios [para cometer el mal.] Pero Melquisedec ejecutará la venganza de los juicios de Dios [en ese día, y ellos serán librados de las manos] de Belial y de las manos de todos los es[píritus de su lote.] En su ayuda (vendrán) todos «los dioses de [justicia»; él] es qui[en prevalecerá en ese día sobre] todos los hijos de Dios, y él pre[sidirá la asamblea] 5 esta. Éste es el día de [la paz del que] habló [E)ios de antiguo por las palabras de Isa]ías el profeta, que dijo: «Qué] bellos son 1 sobre los montes los pies del pregonero que anuncia la paz, del pregonero del bien que anuncia la salvación,] diciendo a Són: "tu Dios [reina".»] Su interpretación: Los montes son los profe[tas...] Y el pregonero es [el un]gido del espíritu del que habló Da[niel... y el pregonero del] 19 bien que anuncia la salva[ción es aquel del que está escrito que [él se lo enviará «para consolar a los afligidos, para vigilar sobre los afligidos de Sión».] «Para conso[lar a los afligidos», su interpretación:] para instruirlos en todos los tiempos del mun[do...] 21 en verdad. ella ha sido apartada de Belial y ella [...] 23 [...] en los juicios de Dios como está escrito sobre él: «Diciendo a Sión: "tu Dios reina"». [«Si]ón», es 24 [la congregación de todos los hijos de justicia, los] que establecen la alianza, los que evitan marchar [por el ca]mino del pueblo. «Tu Dios», es [... Melquisedec, que les libra]rá de la mano de Belial.”
Si sustituimos Melquisedec por Jesús, y analizamos el tipo de milagros que él obró veremos que él encaja perfectamente en este texto. Un judío del siglo primero, a la luz de estas líneas citadas arriba, bien sabría que esperar del sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec que vendría, identificaría al ungido (Mesías) y sabría que sería su Dios.

En los Evangelios no encontramos cualquier tipo de milagros, sino milagros relacionados con la función sacerdotal del Mesías/Melquisedec. Jesús no sana piernas rotas, (ni a jorobados, como dice el dicho popular) , sino afecciones relacionadas con la posesión de los demonios y el pecado. Mateo 8: 16 dice:

“Y cuando era ya tarde, trajeron a él muchos endemoniados; y echó fuera los demonios con su palabra y sanó a todos los enfermos, para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta Isaías, que dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias”
Jesús perdona pecados y cumple con todos los demás requisitos para Melquisedec del texto de Qumran, incluso el de ser adorado durante su ministerio terrenal. Por eso Jesús declara en Lucas 11:20

Pero si por el dedo de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros.”
Para un judío del primer siglo, adorar a alguien distinto de Jehová, era blasfemia. Pero Jesús es adorado como Dios. Tenemos ejemplos en Mateo 8:2, 14:7 y 28:17. De esta forma es como Jesús se identifica como el verdadero Sumo Sacerdote capaz de efectuar verdadera y completamente la expiación. Es el sumo sacerdote con el poder para obrar plenamente en el interior del Templo y efectuar dicha ordenanza, y eso es precisamente lo que nos describe que ocurre el Libro de Apocalipsis. A sus lectores del siglo primero les da la certeza de que es él y no otro el facultado para tan portentoso acto.

Juan el bautista enseña (Juan 3:1-32):

El que viene de arriba está sobre todos; el que es de la tierra es terrenal y habla cosas terrenales; el que viene del cielo está sobre todos. Y testifica de lo que vio y oyó, pero nadie recibe su testimonio.
¿Qué quiere decir con esto?

2 Enoc 22 Enseña:
Y El Señor dijo a Miguel, "Has traer a Enoc, y toma de él su ropa terrenal y úngelo con mi anto aceite y vístelo con las ropas de mi gloria . Y Miguel hizo tal como El Señor le había dicho. Él me ungió y me me vistió ... Y me miré y me había vuelto igual a uno de sus gloriosos.”
Aquí vemos a un ungido, a un tipo de Mesías. Alguien que es ascendido a los cielos e iniciado en el conocimiento de los misterios de Dios y después enviado a la tierra como mensajero. Si volvemos a las palabras del Bautista, es como si les dijera a sus interlocutores: “¡Ey! miren, el viene del cielo, él es el úngido, es el Mesías que habla de lo que vió y oyó de la presencia del Padre. Y su testimonio lo acredita como el verdadero, no como los otros mesías de ese entonces, pues jamás ninguno de ellos reclamó estar en la presencia del padre, sino sólo descender biológicamente de David. Pero no bastaba ser descendiente de David, sino cumplir con otro requisito:

Mi hijo eres tú; yo te he engendrado hoy. (Salmos 2:7)
Ser engendrado, venir desde arriba, ser hijo de Jehová, el mayor.
Pero lo que vio y oyó Jesús. La investidura que recibió en el templo celestial, en donde fue investido, y que luego dio a conocer a sus discípulos, se perdió. Clemente de Alejandría enseñó:
Santiago el Justo, Juan y Pedro fueron instruidos por El Señor después de su resurrección con el conocimiento más alto. Ellos lo transmitieron a los otros apóstoles y los otros apóstoles a lo setenta, uno de qlos cuales fue Barnabás (Eusebio, Historia 2.1)”
Las odas de Salomón 36, narran una ordenanza similar:

Descansé en el Espíritu del Señor, que me llevó a las alturas: Me puso de pie en las alturas del Señor, delante de Su perfección y Su gloria, mientras lo alababa componiendo Sus Odas. El Espíritu me trajo adelante frente al rostro del Señor: y, a pesar de ser un hijo de hombre, fui llamado el Iluminado, el Hijo de Dios: Mientras lo alababa entre sus elegidos que también lo adoraban grande era yo entre los poderosos. De acuerdo a la grandeza del Altísimo, así me formó: con Su renovación me revivió, y me ungió con Su propia Perfección: Y llegué a ser uno de Sus allegados; y mi boca fue abierta como una nube de rocío; Y de mi corazón manó a raudales un diluvio de justicia, Y llegué a Él en paz; y fui establecido por el Espíritu de Su autoridad. Aleluya.


Una experiencia similar es prometida para los cristianos destinatarios del Libro:
Y han lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado en el trono extenderá su pabellón sobre ellos. (Apocalipsis 7:14)

Esta ordenanza fue la que se perdió y que correspondía al orden de Melquisedec. Lo que describe gran parte del Apocalipsis, es la presentación de esta ordenanza: La creación del mundo, el lavamiento y la unción de los elegidos, el nombre nuevo, la presentación de la guerra entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas, el acceso al árbol de la vida y la entrada al lugar santísimo. Y en el centro, la declaración de que Jesús es el Mesías verdadero, quien tiene las llaves del Templo verdadero: el Celestial. Apocalipsis es la presentación de la investidura para la gente del primer siglo.


2. El Templo. Salomón fue el constructor del primer templo, el cual fue saqueado y destruido por los babilonios. Tenemos dos relatos en el Antiguo Testamento, que difieren entre sí, en varios detalles. ( 1 Reyes 6-7; 2 Crónicas. 2-5). También tenemos descripciones del Tabernáculo, que también difieren entre sí: Éxodo 25-31; 35-40 y tenemos la descripción del templo de Ezequiel ( Ezequiel. 40-43). También hay otros textos que describen al Templo: como el rollo del templo de Qumran o la descripción de Aristeo el Egipcio; sin olvidar la descripción que hace Flavio Josefo del Templo de su época.

El Templo de Herodes, sin embargo es identificado como la gran ramera. No Roma, sino Jerusalen, quien ha mudado las ordenanzas, es la que se contrapone a la ciudad celestial.

El Templo estaba construido en el lugar más alto y se ascendía a él. Quienes asistían al mismo debían de subir a fin de estar en la presencia del Señor.

En él ministran los sacerdotes con su lavamientos y rituales y encontramos al sumo Sacerdote como el único facultado para entrar en el lugar Santísimo una vez al año. El templo estaba dividido en tres áreas. El atrio, el lugar santo y el lugar santísimo.

Apocalipsis 21 describe un templo perfecto, ya que lo que desciende es el templo mismo donde mora Dios. Tiene un cuadrado perfecto, con descripciones de joyas, lo que nos recuerda al Urim y Tumim. Se nos dice que ya no hay templo, porque efectivamente no hay uno terrestre, sino el celestial mismo donde mora Dios y que ha descendido a su pueblo en forma de un gran Urim y Tumim, tal como enseña el profeta José Smith. Es decir, en el Templo verdadero es posible recibir revelación de lo alto. En el falso, como el de Herodes, no. Los sacerdotes judíos que oficiaban en ese templo, se había perdido la capacidad de recibir revelaciones y visiones.

El lugar santísimo estaba decorado con querubines, el arca de la alianza y sobre ello el Kapporet, es decir el trono de Dios, también llamado el lugar propiciatorio (1 Crónicas 28:11), y a cada costado un querubin los cuales encontraban sus alas. Era el lugar de el encuentro con Dios y un lugar para recibir revelaciones:

Y allí me reuniré contigo, y hablaré contigo desde el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, de todo lo que yo te mande para los hijos de Israel. (Exodo 25:22)
En el templo ya construido, estas piezas llegan a forma un trono en forma de carroza:
Además, oro refinado en peso para el altar del incienso, y oro para el diseño del carro de los querubines, que extendían las alas y cubrían el arca del convenio de Jehová (1 Cronicas 28:18).
Es en este trono/carro donde Isaías recibe sus revelaciones:
El año en que murió el rey Uzías, vi yo al aSeñor sentado sobre un btrono alto y exaltado, y las faldas de su manto llenaban el templo (Isaías 6:1)
Y a eso se refiere Apocalipsis cuando habla del que está sentado en el trono. Entonces tenemos un lugar propiciatorio (un lugar para la expiación) en medio de querubines, el cual forma un trono/carro en donde sólo se puede sentar el que es capaz de efectuar la Expiación y un lugar donde quien llega recibe revelaciones y está en la presencia de Dios.
Esta figura es importante, porque reaparece en Apocalipsis:
Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono.” (Apocalipsis 3:21)
Es decir, un poseedor del sacerdocio es admitido en la presencia de Dios en el lugar santísimo y es invitado a sentarse en el trono, en el lugar de la expiación, convirtiéndose en un Cristo, en alguien quien ha recibido su unción. Todo esto, además en un lugar revestido de oro, lo cual emula el resplandor del sol.
Había también decoraciones de palmeras y otros árboles, así como altares en el lugar más amplio llamado lugar Santo.
También son destacables dos pilares de bronce:
Y erigió estas columnas en el pórtico del templo; y cuando hubo alzado la columna del lado derecho, le puso por nombre Jaquín; y cuando hubo alzado la columna del lado izquierdo, llamó su nombre Boaz. (1 Reyes 15:20) .
La figura de las columnas, reaparece en Apocalipsis también:
Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo. (Apocalipsis 3:12)
Entonces, las columnas indican el ser uno con el templo, con la casa verdadera del Señor. Y nos faculta para recibir el verdadero nombre de Dios sobre nosotros, el cual es el nombre nuevo. No el nombre nuevo preparatorio, sino el que nos hace uno con la deidad.
Mucho de la imaginaria y rituales originales se perderán con la reforma de Josías (como la destrucción del candelabro de 7 brazos en forma de árbol, o la serpiente de bronce, así como los rituales de la expiación, etc.) pero no es el tema aquí, solo diré que el escritor de Apocalipsis cuando hace sus descripciones, tiene en mente al primer templo.

3. Apocalipsis. La invitación es, pues, leer Apocalipsis no como un libro catastrófico, porque el libro no trata de eso, sino, como dije anteriormente, es la presentación de la investidura. Investidura que prepara a los cristianos para sentarse en el trono de su Dios. Si vemos el simbolismo, y luego lo buscamos en las descripciones y rituales del templo, mucho de lo que ahora nos parece una lectura oscura, se tornará más entendible. Aquí he dado algunas pinceladas al respecto y los invito a buscar más correlaciones en ese sentido. Quizás, cuando vuelvan a visitar el Templo más cercano a su ciudad y participen de sus ordenanzas, ya no lo encuentren tan aburrido o extraño como pudieran afirmar aquellos que no preparan su corazón para recibir revelación en la Casa del Señor.

Comentarios

Javier, soy Manuel, de Pesquisas Mormonas. Estaría bien si pudiera comunicarme con vos?

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